sábado, junio 15

Rina Gonoi soñaba con defender Japón, pero fue víctima de abuso sexual en el Ejército. Esta es su historia

Tokio, Japón (CNN) — Rina Gonoi es una luchadora.

Como exsoldado, como practicante de judo y como mujer que lucha en nombre de todas las mujeres para que aquellos que la agredieron sexualmente se responsabilicen de sus actos.

Durante su servicio en las Fuerzas de Autodefensa de Japón (JSDF, por sus siglas en inglés), Gonoi afirma que sufrió agresiones sexuales tanto físicas como verbales a diario durante más de un año, y prometió que a su salida del Ejército, en junio de 2022, tras dos años de servicio, llevaría a sus agresores ante la justicia.

Al principio, las autoridades no parecían dispuestas a creerle. Cuando denunció los supuestos abusos a las autoridades militares, se iniciaron dos investigaciones que se archivaron prontamente por falta de pruebas.

Decidida a no darse por vencida, Gonoi acudió a las cadenas de televisión. Cuando éstas la ignoraron, llevó su lucha a las redes sociales, una decisión poco habitual en un país en donde las sobrevivientes de agresiones sexuales pueden ser víctimas de represalias por alzar la voz.

«Quería ayudar a otras personas que también sufrieron de acoso sexual (en las JSDF). De los agresores, quería una disculpa y que admitieran lo que habían hecho; quería evitar que otras personas pasaran por lo mismo que yo, por eso hablé», afirmó.

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De niña, Gonoi quería ser judoka profesional. Ahora enseña a otras mujeres a defenderse. Crédito: Cortesía de Rina Gonoi

La lucha de Gonoi por ser escuchada finalmente rindió fruto con una amplia investigación sobre el acoso sexual dentro de las JSDF. Los fiscales reabrieron una de las investigaciones anteriores y descubrieron que había sido víctima de acoso sexual, físico y verbal, diario entre el otoño boreal de 2020 y agosto de 2021, según el equipo de defensa de Gonoi.

Los hallazgos de la investigación dieron lugar a un momento revolucionario: una rara admisión de culpa y una disculpa pública del Ministerio de Defensa de Japón, ya que el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Terrestre de Autodefensa, Yoshihide Yoshida, se inclinó profundamente y dijo: «En nombre de las Fuerzas Terrestres de Autodefensa, me gustaría expresar mis más profundas disculpas a la Sra. Gonoi, que ha estado sufriendo durante mucho tiempo. Lo lamento mucho».

Cinco soldados fueron dados de baja con deshonor y otros cuatro fueron castigados en diciembre pasado, según la NHK, la cadena de noticias pública de Japón. Gonoi también dijo que había recibido disculpas en persona de varios militares.

Pero esto no es suficiente para Gonoi, por ello inició acciones penales y civiles ante los tribunales. A principios de año presentó demandas contra el gobierno y sus presuntos agresores, tres de los cuales fueron imputados de agresión sexual en marzo. En la causa penal no se han hecho declaraciones hasta el momento. La fiscalía de Japón no ha facilitado información del caso, ni respondió a la solicitud de comentarios de CNN.

En el caso civil, cuatro de los cinco acusados negaron las agresiones sexuales, mientras que el quinto admitió el cargo.

El Estado respondió diciendo que el acoso «es inaceptable», pero no ha comentado sobre la demanda de Gonoi.

Sin importar el resultado de las demandas, Gonoi cree que hay una batalla aún mayor que librar contra lo que ella considera una cultura de acoso sexual en un Ejército dominado por hombres.

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Rina Gonoi, exsoldado de las Fuerzas Terrestres de Autodefensa de Japón, consulta fotos antiguas en su teléfono. Crédito: Philip Fong/ AFP/ Getty Images

Alzar la voz

Los problemas de Japón en términos de desigualdad de género fueron evidentes en la campaña #MeToo y están bien documentados. El país ocupa el último lugar de las naciones del G7 y el lugar 116 de 146 países en el Índice de Desigualdad de Género del Foro Económico Mundial.

Pero es probable que la experiencia de Gonoi sea especialmente perjudicial para las JSDF, que ha dedicado muchos esfuerzos a promover la imagen de una institución que promueve la igualdad de género.

Fumika Sato, socióloga de la Universidad Hitotsubashi, afirma que muchas mujeres se alistan al Ejército porque consideran que ofrece mayor seguridad laboral e igualdad de género que el sector privado.

«(Las mujeres) eligen las JSDF porque piensan que es una organización que reconocerá sus capacidades de forma justa. Es muy raro escuchar que entraron para proteger al país por un sentido de defensa nacional», dijo Sato.

Por ejemplo, la motivación de Gonoi para alistarse en las Fuerzas Terrestres en abril de 2020 fue tanto una forma de «devolver el favor» como de alcanzar sus sueños de entrenar como judoka y competir en los Juegos Olímpicos.

A pesar de la imagen de las JSDF, Sato afirma que el acoso sexual dentro de las filas ha sido un problema durante largo tiempo, pero con frecuencia se oculta pues es difícil para las personas en el ejército el admitir una vulnerabilidad.

«Existe la imagen de que solo el personal fuerte se considera adecuado para la organización, y existe la actitud de que quienes dicen ser víctimas de acoso no tienen lugar dentro de ella», explicó Sato. «Eso dificulta que la gente alce la voz».

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Rina Gonoi afirma que sufrió agresiones sexuales, físicas y verbales, mientras servía en las Fuerzas de Autodefensa de Japón. Crédito: Cortesía de Rina Gonoi

Problemas de reclutamiento

La lucha de Gonoi se produce justo en un momento en que las Fuerzas de Autodefensa de Japón se enfrentan a un déficit de reclutamiento que socava sus esfuerzos por aumentar su ejército, en medio de las crecientes tensiones regionales con Corea del Norte y China.

El año pasado, Japón anunció un aumento del presupuesto de defensa para 2023 hasta un récord de 6,8 billones de yenes (US$ 55.000 millones), un 26% más, lo que elevaría su gasto en defensa al 2% del Producto Interno Bruto para 2027.

Los expertos sostienen que la clave para que Tokio cumpla sus objetivos está en atraer a un número suficiente de mujeres a las filas. Las JSDF deberían contar con unos 250.000 efectivos, pero no han logrado alcanzar sus objetivos de reclutamiento y afirman que les faltan unos 16.000 efectivos, un déficit que, según los expertos, limita su capacidad operativa.

El Ejército lleva años intentando llamar a más mujeres a sus filas, en línea con la política «womenomics» o «economía de las mujeres» fomentada por el ex primer ministro Shinzo Abe, destinada a combatir los efectos del envejecimiento de la población y la reducción de la mano de obra en el país. En abril de 2015, el Ministerio de Defensa impulsó una serie de iniciativas donde se asignaron fondos a programas de concientización sobre género, guarderías para hijos de empleados de las JSDF, ente otros.

Pero Japón no ha alcanzado a sus pares. Según el Ministerio de Defensa, en marzo de 2022 había 20.000 mujeres en las JSDF, alrededor del 8% de los efectivos totales de la organización, muy por debajo de la media de la OTAN del 12% en 2019. Para alcanzar su meta en 2030, Tokio necesita llegar a más mujeres.

Un portavoz de las Fuerzas Terrestre de Autodefensa de Japón declaró a CNN que «la promoción de personal femenino en las JSDF es importante par asegurar personal de alta calidad de manera estable e incorporar diversidad a la organización. Las JSDF continúan reclutando activamente personal femenino con el objetivo de aumentar la proporción de mujeres en general al 12% o más para (el año fiscal) 2030».

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La exsoldado Rina Gonoi en una rueda de prensa en Tokio el 30 de enero de 2023. Crédito: Richard A. Brooks/ AFP/Getty Images

Revés para el progreso

Las Fuerzas Terrestres de Autodefensa han tenido progresos en cuanto al género: en el momento de su creación, en 1954, las mujeres eran reclutadas únicamente como enfermeras.

La Marina de Japón aceptó a sus primeras reclutas mujeres en 1977 y, a principios de la década de 1990, se abrieron la mayoría de las funciones (no de combate) a las mujeres.

En 1992, la Academia de Defensa Nacional de Japón empezó por fin a aceptar mujeres, permitiendo que se convirtieran en oficiales superiores. Desde entonces, nuevas mujeres líderes han tomado las riendas. En marzo de 2018, por ejemplo, la Marina nombró a su primera mujer comandante de escuadrón de buques de guerra. Más tarde ese año nombró a la primera mujer piloto de caza.

De niña, Gonoi veía a los miembros de las Fuerzas como héroes. Creció queriendo ser como ellos después de ver a las mujeres soldado acudir en su ayuda tras el letal terremoto y tsunami en Tohoku en 2011, que diezmó a su ciudad natal, Higashi-Matsushima, en la prefectura de Miyagi, al norte de Japón.

A Gonoi le maravilló ver a los oficiales de las JSDF ayudando a los ciudadanos a recuperar un dejo de normalidad, dijo, por ejemplo, al asegurar espacios improvisados para ducharse. A la joven Gonoi le convenció ese toque humano.

Un sueño frustrado

Años más tarde, destinada en una estación de las JSDF en Fukushima, otra zona diezmada por la catástrofe de 2011, Gonoi experimentó por primera vez el acoso sexual.

«Hacían comentarios sobre mi cuerpo y el tamaño de mis senos. O se me acercaban en los pasillos y me abrazaban de repente. Ese tipo de cosas sucedían a diario», recuerda Gonoi sobre su etapa en la estación.

La gota que derramó el vaso fue en agosto de 2021, cuando, según narra Gonoi, fue inmovilizada en el suelo de un dormitorio mientras varios superiores simulaban tener relaciones sexuales con ella. Este incidente la convenció para denunciar a sus agresores.

Las denuncias fueron desestimadas y no se tomó ninguna medida interna en las JSDF.

«Al principio, no admitieron haber hecho algo malo. Intentaron ocultar lo que había sufrido, pero luego se ordenó una nueva investigación. Fue ahí que admitieron lo que había pasado», dijo.

Una investigación externa fue abandonada por «falta de pruebas», ya que ninguno de los hombres que presenciaron la agresión quiso prestar testimonio.

Finalmente, Gonoi afirma que no le quedó otra opción más que dimitir en junio de 2022.

Sato, la socióloga, afirma que Gonoi logró presionar a las JSDF para que recapacitaran solo después de dar a conocer su caso en las redes sociales.

«El Ministerio de Defensa actuó como siempre lo ha hecho, apoyando a los agresores y aislando a las víctimas. Sin embargo, esto provocó tanta indignación pública, sorprendiendo a tanta gente en el Ministerio de Defensa, que se dieron cuenta de que si no tomaban las medidas adecuadas, la propia reputación estaría en juego», dijo Sato.

En los últimos meses, el Ministerio de Defensa ha hecho esfuerzos por mejorar su imagen. En marzo, el ministro de Defensa, Yasukazu Hamada afirmó que «el acoso sacude los cimientos de las JSDF al minar la confianza mutua entre sus miembros y es algo que nunca debe permitirse».

Un portavoz de las JSDF Terrestres declaró a CNN: «El acoso es una violación de los derechos humanos básicos y, por supuesto, nunca debe permitirse que ocurra dentro de las Fuerzas Terrestres de Autodefensa de Japón, donde las acciones de las unidades son la base, pues causa una pérdida de confianza mutua y erosiona la fortaleza del personal».

«Por esta razón, las JSDF Terrestres participan activamente en diversos esfuerzos para erradicar el acoso, siguiendo la directiva del ministro y aplican medidas como la educación de sus mandos, entre otras. Para ello, seguiremos aplicando medidas como la educación en grupo y aprendizaje en línea para concientizar al personal, promover la comprensión y mejorar las habilidades de liderazgo del personal (especialmente de los mandos) y mejorar y reforzar el sistema de consulta».

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Rina Gonoi exsoldado de las Fuerzas Terrestres de Autodefensa de Japón, en una imagen del 22 de febrero de 2023. Crédito: Philip Fong /AFP/ Getty Images

Ganó una batalla, falta ganar la guerra

Gonoi explicó a CNN que estuvo indecisa sobre si alzar la voz sobre su experiencia.

«Cuando alzas la voz, corres un gran riesgo de que te dobleguen y que la gente te calumnie, a pesar de que lo que viviste es real y estás sufriendo de verdad», dijo.

Pero ella no desistió.

El gobierno aún no responde a las demandas de Gonoi, pero el pasado octubre el primer ministro de Japón, Fumio Kishida, declaró en una reunión parlamentaria que entendía que las Fuerzas de Autodefensa y el Ministerio de Defensa habían gestionado de forma inadecuada los casos de agresión sexual.

El primer ministro añadió que el acoso «no debe tolerarse en ninguna organización», siendo que ha habido casos de encubrimiento.

De igual modo, refrendó el compromiso del Gobierno y el Ministerio de Defensa ante el acoso: «Somos conscientes de que está previsto castigar severamente a los autores de casos de acoso sexual. También estamos llevando a cabo una inspección especial de Defensa para identificar a fondo el acoso. Nos comprometemos a erradicar todas las formas de acoso».

En una rueda de prensa del año pasado, Gonoi declaró que tres de sus agresores se arrodillaron ante ella para disculparse, luego de que otros cuatro agresores se disculparan. Los agresores reconocieron sus actos e inclinaron repetidamente la cabeza, uno de ellos lloró.

«Cuando me aliste en las JSDF, soñaba con lo que quería logar. Si hubieran investigado a fondo lo que me sucedió, creo que podría haber continuado. Todo llegó demasiado tarde», dijo.

Los oficiales fueron dados de baja en diciembre, pero Gonoi duda de la sinceridad de sus disculpas, por lo que prosiguió con las denuncias civiles y penales, no por dinero, sino porque quería una «disculpa de corazón».

En el caso civil, cuatro de los cinco demandantes negaron las acusaciones. Gonoi declaró a los medios, tras la audiencia: «Sentí una mezcla de sentimientos: tristeza, frustración, rabia, etc., que no puedo explicar con palabras. Sabía que sus disculpas habían sido una mera formalidad».

Mientras tanto, el gobierno afirma que seguirá «estableciendo medidas drásticas» para «construir un entorno que no tolere en absoluto el acoso».

Gonoi afirma que recibe insultos en las redes sociales, incluyeno comentarios sobre su aspecto físico o acusaciones sobre manchar la reputación del ejército. Ha luchado contra la depresión y aún tiene recuerdos de lo que le ocurrió, pero agradece el apoyo que ha recibido.

Ahora Gonoi busca que las JSDF eduquen a sus fuerzas para que reconozcan el acoso como un delito, que instalen cámaras de vigilancia y que no permitan que las mujeres se queden solas en situaciones en que se ven superadas por sus colegas del género masculino.

Gonoi no ha perdido la fe en las JSDF. Sobre todo, quiere que sean un espacio seguro para que otros nuevos reclutas no sufran como ella sufrió. Quiere viajar y seguir practicando judo.

«En Japón existe la creencia de que no se puede reír o disfrutar después de ser víctima, pero yo no quiero que mi vida se defina por eso», dice Gonoi.

«Estoy feliz de haberme alistado en las Fuerzas de Autodefensa y de haber podido servir a mi país. No todo fue malo y quiero vivir con la mayor normalidad posible, sabiendo que al final todo se soluciona de algún modo».