sábado, abril 20

Ruina para Checo Pérez y Fernando Alonso en México

México se traduce en ruina para Checo Pérez y Fernando Alonso. El héroe local y el piloto más admirado se marchan del maravilloso país norteamericano con la derrota en la frente. Checo no llegó a la primera curva para desesperación de un circuito entregado. Y Alonso retiró el Aston Martin cuando era el último en una carrera nefasta. Max Verstappen logró su decimosexta victoria y Carlos Sainz finalizó cuarto.

La carrera amanece sin consuelo posible para Checo Pérez. El mexicano es algo más que un ídolo en su país. Es un símbolo, casi un himno nacional que expone el progreso de una nación, su apertura al mundo, su presencia en la élite.

Checo Pérez se lanza a la conquista de su espacio en el gran premio creado por su impacto en la Fórmula 1. Avanza varias posiciones, supera a Carlos Sainz y se empareja en un trío con Verstappen y Leclerc en el acceso a la primera curva.

Su tarde de gloria termina en tragedia griega, porque en el giro Verstappen tiene el interior, Leclerc está emparedado y el único con posibilidad de abrirse es Checo. No lo hace, arriesga en la frenada y en un incidente de carrera choca con el Ferrari y sale despedido.

El principal protagonista acaba en la escapatoria, luego en el garaje y más tarde en algo parecido al llanto. Apura Checo para poner en marcha de nuevo el Red Bull, misión imposible porque tiene un agujero en el costado. Hay silencio en el Autódromo Hermanos Rodríguez, tan mustia la grada que impresiona. El icono ya no está en el gran premio que, para más inri, está liderado por el hombre con guardaespaldas, Verstappen.

Sin Sergio Pérez, guarecido detrás de un biombo en la soledad de la frustración, la carrera pierde esa porción sentimental y auténtica que no abunda en la Fórmula 1, donde funciona la lógica matemática y la tabla de tiempos mucho antes que cualquier afecto.

El cronómetro decreta que el gran premio es una ruina para Fernando Alonso. El asturiano admitió en Ciudad de México que no estaba contento con su rendimiento y que estaba empleándose muy por debajo de su nivel.

Entre eso y que el Aston Martin no está para muchas fiestas en México, el asunto deriva en carrera invisible. No se ve por ningún lado al asturiano, salvo cuando algún bólido lo adelanta. Y da la categoría del rival, (McLaren, AlphaTauri, Alfa Romeo). Todos van más rápido que él, incluso su compañero Lance Stroll. Hay riesgo de que Alonso termine último, sin que medie ningún accidente ni fatalidad.

Un tremendo golpe de Magnussen contra las vallas provoca una bandera roja, suspensión de carrera y nueva salida. La situación cambia muy poco porque no hay incidentes esta vez, no hay tanta urgencia como decía Checo Pérez («Arriesgué porque quería ganar ante mi gente») y Verstappen se encamina hacia su decimosexta victoria.

Mercedes avanza, Hamilton adelanta a Leclerc, Russell amenaza a Sainz y en ese vacío de contenido para los españoles, Alonso no levanta cabeza. Gana dos posiciones en la resalida, pero el espejismo apenas dura un par de vueltas. El canadiense Stroll y el chino Zhou vuelven a adelantarlo y el asturiano regresa a una situación desconocida. Sigue último.

La calamidad para Alonso es que no hay solución para su incomodidad con el coche y la lentitud del Aston Martin en la pista mexicana. Desde el garaje llega le mejor solución. ‘Box, box, box’. Alonso se retira por segunda carrera consecutiva.

Russell acosó durante muchos giros a Sainz, hasta que sus ruedas amarillas se desgastaron y se alejó del español. El podio le quedó lejos a Sainz, porque ni Verstappen, Hamilton y Leclerc le dieron opción.